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domingo, 11 de marzo de 2012

El Loro-Parque



Si leeis este blog, ya sabeis que lo que propongo son planes para hacer con nuestros pequeñines en Tenerife teniendo presentes sobre todo a aquellos que residen en esta isla.

Leon marino haciéndonos una demostración de fuerza y equilibrio
Sé que el Loro Parque está en todos los folletos turísticos como un "must" a visitar para los que vienen de vacaciones por lo que a veces los que residimos aquí tendemos a pensar que estará lleno de "guiris" y que todo será carísimo sin merecer tanto la pena. Bueno, pues en esto hay una parte de razón, pero he tenido que cambiar de opinión en muchas cosas.

Es cierto que para el turista no residente en la isla el precio de la entrada es caro, 33€. Para el residente se reduce a 20€, peeeeero, y es de lo que vengo hoy a hablar, existe una opción muy ventajosa que nos va a permitir disfrutar de este estupendo lugar todas las veces que queramos durante todo un año. El pase anual. 

Orca.  (C) Jacob Ok, de Panoramio
Lo descubrimos de manera casual, en una visita hace ya un par de meses que hicimos con varios amigos con niños. A la salida, conocimos a una señora de unos casi setenta años, alemana, que  parece ser toda una institución en el Loro Parque. No recuerdo su nombre, creo que se llamaba Christine, o algo así.

Esta señora iba prácticamente todos los día al Loro Parque, y llevaba comida a algunos animales (por supuesto con el consentimiento de sus cuidadores) y, tanto es así, que los animales la reconocían. Nos quedamos de piedra cuando nos dijo que había un pez, en el primer acuario del Aquarium, que nada más que ella entrar, la iba a saludar. Para que no pensáramos que era pura casualidad, antes de entrar ella, nos indicó qué pez era en la distancia, así que nos acercamos nosotros primero. El pez ni se inmutó. Pero cuando vino la doña, el pez no tardó ni medio segundo en acercarse al cristal y moviéndose de forma impaciente, como un perro moviendo la cola ¡Para que luego digan que los peces no tienen memoria!
Columna de peces

Luego nos estuvo haciendo de guía en el Katandra Treetops, no se, le debimos caer bien y, ya saliendo, habló del pase anual. Nosotros no teníamos ni idea y fuimos a preguntar a un puesto de información que hay a la entrada. Allí nos dijeron que efectivamente, pagando 60€ te hacían una tarjeta con la que podías ir durante un año siempre que quieras y, si lo hacías en ese instante, te descontaban la entrada del día actual, es decir, que solo tuvimos que pagar 40€ más cada uno (los niños hasta los 5 años no pagan) y ya está. Con dos veces más que uno vaya ya está amortizado.

Y ya lo hemos amortizado! Lo bueno del pase, es que vas sin prisas. No tienes que verlo todo en un día, puedes quedarte media hora mirando los gorilas, o repetir el espectáculo de las orcas o los leones marinos si te ha gustado mucho. O simplemente sustituir el parque de al lado de casa por el espectacular arbol de toboganes, o la montaña rusa de orcas. Creo que merece mucho la pena.
Pingüinos rey en Tenerife

A Emma le encanta ir. Me dice muchas veces que quiere ir a ver las orcas, o jugamos a que somos pinguinos de Humbolt. Además, poquito a poquito y de forma lúdica, se va familiarizando con las diferentes especies animales, y una excursión se convierte también en algo didáctico, no solo para ella, sino para todos, que la primera que aprende soy yo!! No me queda más remedio, ya que me acribilla a preguntas. Parece mentira que no tenga ni los tres años.




Si quereis más información, la encontrareis en la web del Loro Parque.

Para finalizar, os dejo algunas fotos sacadas ayer mismo en nuestra excursión de sábado morning:

Chimpancé meditando sobre la vida

Peces payaso bebés

Emma en el tobogan a la salida del pingüinario

El tunel de los tiburones


¡¡Que paseis buena tarde de domingo!!



viernes, 9 de diciembre de 2011

Restaurante el Bisoñé


 Ayer tuvimos la visita de unos buenos amigos que viven en Las Palmas y, después de un lindo paseo por el Bosque de las Mercedes, en el Parque Rural de Anaga, queríamos ir a comer a algún restaurante. Hasta aquí, todo normal. El problema es que nuestros amigos tienen tres hijos pequeños (6, 5 y 1.5) que con la nuestra de 2.5 años, formábamos una tropa a la que cualquier dueño de restaurante habría puesto el cartel de "Está todo completo".

Por suerte conocíamos el lugar perfecto para ir sin miedo a equivocarnos. El RESTAURANTE EL BISOÑÉ.

Planito de como llegar
Puedo afirmar que es uno de los restaurantes más singulares y con más encanto que conozco. Se nota que es el capricho de sus dueños, Chano y Ana, ya que sus paredes destilan cariño y recuerdos por doquier. Es como un pequeño museo de cuyas paredes cuelgan, desde cámaras de fotos antigüas, trompetas, camiones de juguete, jaulas con pajaritos que trinan al pasar por debajo, carruseles y un sinfin de objetos cada uno con su historia que Chano estará encantado de relatarte. Solo puedo decir, que hay hasta un confesionario tamaño real con su cura y todo :)

Llegar a El Bisoñé no es fácil. Te lo tienes que saber, ya que no hay indicaciones. En las tarjetas del restaurante hay un pequeño croquis donde indican como llegar. El punto clave es la señal del prohibido vehículos de más de 7 toneladas encima de la de límite 40km/h  :) 

Como disfrutaron en las hamacas!

Nada más llegar y bajarte del coche, puedes respirar el aroma de los grandes eucaliptos que sostienen tres grandes hamacas. Imaginaros las caras de los niños. No pasó ni un segundo para que se abalanzaran sobre ellas y disfrutaran balanceandose como si estuvieran en un  columpio. Caminando hacia la entrada del restaurate, unas mesas al aire libre en sendos cenadores, una mesa de pimpón, el perro Lucas, un futbolín del que se puede disfrutar gratis ... y un gran baúl lleno de juguetes para los más pequeños. Desde muñecas, superheroes, juegos de construcciones, cuentos... Los niños estaban encantados sabiendo que cuando terminaran de comer, se podían ir tranquilamente a jugar, o bien traerse a la mesa el juguete que prefirieran. Y es que además, como El Bisoñé es una antigua casa de campo reconvertida en restaurante, las mesas están distribuidas en distintas habitaciones, con lo que puede que estés solo en la estancia y mientras los adultos disfrutan de la comida y la sobremesa, los niños pueden estar jugando en el suelo sin molestar a nadie.

La piloto barquillera
Incluso una de las habitaciones la tienen reservada como sala de descanso, y si cierras la puerta te encuentras un cartel que dice "Silencio, niños durmiendo"

Podría escribir una entrada kilométrica añadiendo detalles y detalles de este magnífico lugar, pero es preferible que lo descubrais por vosotros mismos.
Solo me queda decir que, además, se come estupendamente. Nosotros ni siquiera pedimos la carta (aunque por lo original e irónica merece la pena leerla). Nos fiamos del buen gusto de Ana que nos fue trayendo platos hasta que no pudimos más. Abrimos boca con las "regañás", que son unos biscuits de pan con almogrote, queso con berberechos y queso con huevas de caviar, continuamos con escaldón sobre un trocito de cebolla, tortillitas de camarones con un delicioso salmorejo, berenjenas fritas con miel de palma, unas garbanzas que no se las salta un fraile, y un solomillo con papas que puso el punto y final junto con un surtido de tartas y postres. Después de semejante comilona gustosamente habríamos echado una buena siesta en las hamacas... pero con cuatro niños compitiendo por subirse fue misión imposible.

Nos fuimos de allí casi a las seis y media de la tarde, ya el sol cayendo, y con la sensación de haber gozado de un día estupendo. Y es que es un gusto encontrar un lugar al que ir con tus hijos sin miedo a molestar.

Detalle de las mesas


Chano. ¿Por qué se llamará el Bisoñé? jejeje
La nueva ventita que han abierto